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El esqueleto humano

El esqueleto humano

Huesos Editar

El hueso proporciona forma y soporte al cuerpo, protege a los órganos internos frente a los traumatismos, facilita la locomoción y actúa como lugar de almacenamiento de minerales, especialmente calcio y fósforo, que a su vez pueden ser liberados para mantener el equilibrio entre los líquidos corporales. Además, proporciona médula ósea, imprescindible para el desarrollo y almacenamiento de las células sanguíneas.

El esqueleto humano está compuesto por 206 huesos, sin contar los dientes: 80 huesos axiales, que incluyen los huesos de la cabeza, cara, hioideos, auditivos, del tronco, las costillas y el esternón; y 126 huesos apendiculares, que incluyen los de los brazos, hombros, muñecas, manos, piernas, caderas, tobillos y pies.

Existen dos tipos de hueso:

– Cortical o compacto. Forma la capa externa y más dura de los huesos, aunque la mayor parte se encuentra en las diáfisis (parte central) de los huesos largos. Supone el 80% de la masa esquelética. Proporciona protección, sostén y resiste los esfuerzos que se producen en los movimientos.

– Trabecular o esponjoso. Forma la mayor parte del cuerpo vertebral, las epífisis (extremos) de los huesos largos y está presente en otros lugares. Consta de unas laminillas dispuestas en red llamadas trabéculas; dentro de cada trabécula se encuentran las células que reciben directamente los nutrientes de la sangre que circula por las cavidades medulares. Es la parte metabólica más activa del esqueleto.

Células del hueso Editar

a) Osteoprogenitoras y osteógenas: células madre, las únicas con capacidad de división cuyas células hijas se transforman en osteoblastos.

b) Osteoblastos: sintetizan las fibras de colágeno y suponen la sustancia fundamental del hueso. Tienen la función de formar el tejido óseo.

c) Osteocitos: son los osteoblastos ya incorporados a la matriz ósea ya calcificada y son los encargados de mantener vivo el tejido óseo.

d) Osteoclastos: son las células encargadas de la resorción y eliminación del tejido óseo no deseado, imprescindibles para el desarrollo, crecimiento, mantenimiento y reparación normal del hueso.

La formación del hueso Editar

El hueso está formado por tejido activo que se forma y destruye continuamente, es decir, parcelas de hueso viejo son destruidas y reemplazadas por hueso nuevo. Para favorecer la formación de hueso nuevo (metabolismo óseo), es necesaria una ingesta adecuada de nutrientes y minerales como el calcio y la vitamina D, aunque no sólo influye este aspecto, ya que el metabolismo óseo está regulado por intrincadas interacciones entre el potencial genético del individuo, el ambiente y, por supuesto, los factores nutricionales.

Se puede hablar de tres procesos formativos:

– Modelado. En esta etapa el hueso adquiere y mantiene su forma. Está asociado al crecimiento en la infancia y adolescencia.

– Reparación. Respuesta ante la factura.

– Remodelado. Ciclo continuo de formación y destrucción que se produce a lo largo de la vida.

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